Gazza, últimas palabras

Gazza, últimas palabras

Baja los peldaños de uno en uno, asegurando cada paso, apoyando un instante la mano derecha en el respaldo de la escalera para mantener el equilibrio en el penúltimo escalón. Apenas se nota que se mueve con dificultades. Lo disimula bastante bien. Paul Gascoigne entra en el plató de Channel 4 vitoreado por un público que le aclama. Ha vuelto a la vida. Otra vez.

Ahí debajo le espera Alan Carr, el comediante de éxito al que ha concedido la entrevista. Es la segunda después de las cinco semanas de rehabilitación intensiva en los Estados Unidos. A finales de marzo apareció recuperado en exclusiva en el programa Daybreak, el desenfadado magazín matinal de la ITV1. En cambio ahora le espera un escenario muy distinto; el show de Carr, un espectáculo de humor frívolo que le recibe con los brazos abiertos. Antes de que el culo de Gazza encuentre su sitio predilecto en el sofá Carr ya ha abierto su globe of booze, un globo terráqueo que se abre por la mitad y que habitualmente contiene bebidas alcohólicas, para desenvolver el primer chiste de la noche. Esta vez salen del globo una botella de bebida energética, un refresco y un yogur líquido. Gazza sonríe, escoge el yogur, pide un vaso, se sirve y bebe.

No tiene buen aspecto para un hombre de 45 años, pero está mejor. Ha perdido peso y se ha arreglado los dientes. Nada que ver con su imagen a principios de febrero, cuando un Gascoigne inflado, sudoroso y temblando de forma alarmante apareció en el Park Inn Hotel de Northampton en un evento caritativo. Estaba nervioso, se llevaba las manos a la cabeza, seguía temblando, la voz le fallaba: “I’ve had a f*** hard month. F*** hell”. Había vuelto a beber. Su representante Terry Baker era quién le hacía las preguntas. Gazza contestaba a duras penas. La escena era tremebunda, inexplicable. ¿Cómo podían mantener a aquel hombre en su estado allí sentado si ni siquiera podía moverse por su cuenta? No habría dado dos pasos sin caerse y después no habría podido levantarse. Lo más lógico era llevarle corriendo al hospital, o como mínimo apartarle de esa comparecencia pública. Sin embargo, allí se quedó. El vídeo de Northampton llegó a los medios y de allí a los ojos de antiguos amigos que decidieron ayudarle una vez más.

Ahí está, face to face con Alan Carr, que le pregunta por sus encuentros con Margaret Thatcher y alude a una llamada que su invitado recibió del Papa cuando jugaba en el Lazio. Gascoigne abre la boca y nos recuerda que nació en el noreste, cerca de Newcastle, que es un geordie y que su acento es complicadísimo. Así empieza una entrevista que deambulará como una montaña rusa pasando de las bromas más absurdas a las confesiones más profundas, de un drama humano terrible a la sonrisa más estúpida. Tanto se ríe Gascoigne de su propia miseria como llora sus penurias o revela que Gary Lineker, Wayne Rooney, Steven Gerrard y Jack Wilshere le dieron su apoyo y le pagaron la rehabilitación. El público asistente acompaña con ganas las risotadas del presentador programadas cada vez que incorpora un chiste. Al fin y al cabo estamos en un show. Sin embargo, lejos de generar empatía, la escena resulta deprimente.

Alan Carr. – Si hacemos caso a los periódicos has estado permanentemente borracho durante los últimos diez años. ¿Realmente ha sido así?

Paul Gascoigne: –  En realidad fueron once. (risas)

En marzo de hace once años, el día 14 concretamente, David Moyes fue contratado como manager del Everton. Su primera decisión fue pedirle al ya entonces alcohólico Paul Gascoigne que se fuera. Tres días más tarde se marchó al Burnley. Allí jugaría solamente seis partidos. Durante los siguientes dos años volvería a ponerse las botas ocasionalmente en China y en el Boston United de la League Two.

Por lo tanto, al último equipo que ilusionó Gazza con su llegada fue al Everton, a los treinta y tres años. Mi amigo evertonian Timmy recuerda exactamente donde estaba el día que se anunció su fichaje. Disfrutaba de sus vacaciones en Córdoba cuando lo vio en las noticias y se puso muy contento. Por aquel entonces los toffees no tenían buenos jugadores ni aspiración alguna en la liga, por lo que la llegada de Gascoigne suponía un motivo de máxima excitación. Una vez sobre el campo nunca demostró seriedad alguna y la expectación de su fichaje se disolvió rápidamente. De él en Liverpool solo quedan sus bromas y un gol, el que le marcó al Bolton en la duodécima jornada de la temporada 2001/2002. En el Everton Gazza no fue amado.

Timmy me hace notar que las apariciones televisivas de Gascoigne son cíclicas. Enferma, se rehabilita y sale en la tele para anunciar a todas las pantallas del país que vuelve a estar perfectamente. Un anuncio que ejerce de prólogo de una nueva recaída. Fijándonos en la tragedia de Northampton y en el tipo de entrevistas que concede, podríamos deducir sin alejarnos mucho de la realidad que Gazza, a la vez que incapaz de dejar el alcohol aunque haya dispuesto de muchísimos medios para lograrlo, no anda bien aconsejado en su entorno más cercano.

Volvamos a la entrevista. El presentador Alan Carr, cuyo padre Graham (68) es el jefe de ojeadores del Newcastle, introduce en el diálogo una cuestión de vida o muerte.

A. C. – ¿Realmente pensabas que ibas a morir?

P. G.  – Sí. Hubo un punto definitivo. Quiero decir, estaba esposado a la cama y… bueno, realmente no era la primera vez que me esposaban. (risas)

Así de sencillo. Paul Gascoigne se pasa lo que le queda de vida esquivando a la muerte a golpe humorístico, aunque no logre esconder que su sentimiento real es el sufrimiento, la depresión permanente. De momento, como ya hiciera en una ocasión sobre césped, es él quién le saca tarjeta a la autoridad. En vez de marcharse, desaparecer y sanarse, escoge vivir al límite. Esta vez se ha escapado en el tiempo de descuento. No parece que tenga opción a muchas más prórrogas.

P.G. – Echo de menos una pinta. Quién sabe, pueda que beba en el futuro.

Entrevista a Gascoigne en Channel 4 | Parte 1 , Parte 2 , Parte 3.
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